Un Taller es un modelo de organización y gestión del trabajo, alternativo a los modelos industriales. Es una forma de emprendimiento que difiere de aquellos cuyo propósito es constituir una “empresa-fabrica” o una “fundación-fabrica” en la que para cumplir con su objeto, contratan personal y tienen una relación de empleador-empleado, en la que no se busca el desarrollo de las personas, sino, su explotación a cambio de una remuneración que nunca será justa, ni acorde con el valioso trabajo hecho por el colaborador. Además, la relación de poder, lleva a que el empleador pueda prescindir en cualquier momento y -muchas veces sin justa causa- de los servicios del empleado. Hay una relación de dependencia, de temor ante la perdida de esa única fuente de ingresos, que lleva a las personas, -en no pocos casos- a comprometer incluso su dignidad y sus convicciones.
En este modelo industrial de emprendimiento, la relación entre el empleador y el empleado está mediada por un contrato y no por la coincidencia de unos valores y principios. Lo único que interesa es la rentabilidad económica, por encima de la rentabilidad social, por eso, cuando hay que reducir costos, lo primero que se reducen son los mal llamados “recursos humanos”.
En un Taller en cambio, la relación es entre iguales. La única diferencia esta dada por el conocimiento y la experiencia que es justamente reconocida.
El propósito del Taller es facilitar el desarrollo afectivo, intelectual y práxico de sus miembros.
Los ingresos dependen del rol que desempeñe el integrante al interior del Taller; es decir, son diferentes las ganancias de un aprehendiz, un oficial y un maestro; pero a diferencia del modelo industrial, pasar de un nivel a otro no depende del capricho de un jefe, sino, del progreso demostrado, del merito; en otras palabras, aprehendes y durante el proceso de formación, empiezas a facturar. Entre más aprehendas, entre más conocimiento produzcas y compartas, más ganas, mayor ingreso obtienes.
Quien hace parte de un Taller no tiene miedo a ser despedido, pues al igual que su ingreso, su retiro es voluntario. Aunque puede darse en cualquier momento, el ideal es que se produzca cuando se ha hecho Maestro, esté listo para emanciparse y constituir su propio Taller.
Los miembros de un Taller no están ligados a éste por un contrato. No hay ninguna cláusula que determine su relación. Ésta, más bien se fundamenta sobre la coincidencia en unos valores y principios. Son éstos los que fortalecen la relación, no un frío contrato deshumanizante que no permite la construcción de confianza. El valor más importante de esta relación es la pasión, la misma que nos permite dedicarnos a lo que realmente nos gusta, trabajar con el conocimiento relevante y necesario para la sociedad, por eso en un Taller se prima la rentabilidad social, ocupando su justo lugar la rentabilidad económica, la cual depende de los proyectos llevados a cabo por el Taller.
De lo anterior se desprende entonces lo siguiente: en el Taller se trabaja por proyectos. Cada uno de ellos es gestionado por los diferentes equipos del Taller. Un equipo es un grupo de aprehendices, liderado por su respectivo Oficial. Un paquete de proyectos esta a cargo de su correspondiente Maestro. Los ingresos netos generados por cada proyecto, son distribuidos equitativamente entre los integrantes y de acuerdo al rol que se desempeñe.
En sintesis, El Taller es un emprendimiento de tipo Informacional, que pretende convertirse en una alternativa para el ya desgastado emprendimiento industrial. Surge como una respuesta a la crisis económica actual, al incremento del desempleo, a las lamentables condiciones laborales (bajos salarios, contratos temporales, falta de identidad, etc). En ultimas, el propósito es dignificar el trabajo y sobre todo al SER que hay detrás de él.

ME PARECE MUY INTERESANTE SOLO QIUE NECESITARIA QUE ME ENVIARAS UNA COPIA DE DICHO TALLER PORQUE YO VIVO EN TEGUCIGALPA.HONDURAS.FELICITACIONES.
Publicado por eliza amaya | 5 julio 2010, 6:05 PM